reto del mes: masticar (y comer despacito)

Lo que viene llamándose “Mindful Eating“, vaya. Es decir comer con consciencia, con presencia, dándote cuenta no sólo de que estás comiendo sino también de lo que estás comiendo, saboreando, apreciando el alimento, disfrutándolo, despacito, masticando muy bien, dejando reposar los cubiertos entre un bocado y otro… o sea, estando a lo que estás!

Es posible que a alguien le resulte ridículo, pero a mí personalmente es una de las cosas que más me cuesta y me gustaría conseguir, y sé que si no me lo propongo muy seriamente como un reto, no creo que lo haga. Lo considero además una extensión de mi reto del mes pasado porque, en cierta manera, se puede considerar también otra forma de meditación.

Mi modus operandi habitual es tal que así:

Desayuno: por las mañanas cada segundo está contado, así que lo habitual es empezar a -literalmente- engullir mi porridge con manzana y semillas (o lo que toque) antes incluso de terminar de prepararlo y por supuesto, de sentarme a la mesa de la cocina. Para cuando el café termina de salir de la cafetera, ya casi me he terminado lo otro y ni me he dado cuenta. Muchos días incluso me llevo el café o el té en la mano al baño mientras termino de arreglarme para salir… ¿es eso disfrutarlo?

Comida: llego de trabajar con tanta hambre (a pesar de que tomo algo a media mañana) que pasa tres cuartos de lo mismo. Si tengo algo preparado, mientras se está calentando ya estoy metiendo el tenedor y si no lo tengo y por ejemplo me preparo una ensalada, misteriosamente gran parte del tomate se va esfumando mientras lo estoy cortando, y es muy posible que eche el doble de la ración de queso o de semillas porque no llego a verlo todo junto. Para cuando me siento a la mesa, ya ha desaparecido la mitad de mi comida, y la otra mitad pasa desapercibida porque estoy ensimismada con la tablet delante. O sea ni me he enterado de que he comido… o más bien “tragado”. Y eso cuando como en casa, porque si como en el trabajo o por ahí ¡para que vamos a hablar!

Cena: suele ser más tranquila, pero como aprovecho para cocinar también hay más picoteo previo. Vale que no pasa nada por picotear unas zanahorias o algo de lo que esté preparando, el problema es que creo que a veces es tan reflejo que ni soy consciente de que lo estoy haciendo. Y sí, confieso que veo muy poco la tele, pero cuando lo hago es a la hora de la cena, así que aunque me siente tranquilamente, tampoco termino de estar al plato que tengo delante o al bocado que me estoy comiendo (y eso sin contar lo de estar a la vez con el cuerpo en el comedor y la mente en la cocina pendiente de las 2 ollas que tengo en el fogón, no se me vayan a agarrar…)

Así que, sin duda alguna y sin necesidad de entrar en más detalles, mi reto de este mes va a ser mejorar en este aspecto (y preferiblemente mucho, porque hay mucho que mejorar). ¿Cómo? Pues como ya he mencionado en el primer párrafo:

  • preparando los platos como es debido: bonitos y atractivos (aún cuando coma yo sola) y llevándolos a la mesa intactos antes de empezar
  • por supuesto, sentándome a la mesa para comer y tratando de relajarme, regalándome ese rato para lo que voy a hacer y con actitud de agradecimento, no de culpabilidad por pensar que pierdo tiempo
  • comiendo tranquilamente sin tablets, smartphones ni nada parecido delante y sin leer (algo que también suelo hacer) , quizá en todo caso dejar la radio o algo de música (?)
  • practicando la elegancia: comer despacito, bocados “normalizados”, masticando muy muy bien (el número de veces ya creo que depende de lo que se trate), dejando reposar los cubiertos, tragando del todo el primer bocado antes de coger el siguiente…
  • saboreando, realmente apreciando el sabor y la textura del alimento que estoy comiendo, disfrutándolo, tratando de descubrir nuevos matices en él
  • y si lo que toca es comerse un bocata en el monte, parar, buscar el sitio más cómodo y agradable posible (a ser posible con espectaculares vistas) y disfrutarlo, masticando superbien igualmente (que además al seguir haciendo ejercicio mi estómago me lo agradecerá)

Todo esto que suena tan bonito, a mí me resulta sumamente difícil, sinceramente (y si estoy nerviosa o estresada, multiplicado por mil). Pero creo que una buena digestión y una buena alimentación empieza justamente por ahí. Después de hacer elecciones sabias, lo ideal es que aprovechemos todo ese potencial, y en la masticación empieza todo, tanto el proceso digestivo físico como el aprovechamiento de los nutrientes.

Por otro lado, la verdad es que me gusta mucho preparar buenas comiditas y me gusta mucho comer, pero creo que no lo disfruto realmente y sería bueno para mí cambiar eso ¿Necesito más motivaciones? No, lo que necesito es practicar y practicar!

Ah! y sólo consideraré que he superado el reto cada día si lo cumplo en al menos 2 de las comidas.

Y ahora, a desayunar y a ponerme manos a la obra desde ya mismo…  ¿Me acompañáis?

 

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